miércoles, 7 de septiembre de 2011

PABLO MILANÉS DEFIENDE SU DERECHO DE SER COMO ES



POLIS publica un estracto de la carta de Pablo Milanés dirigida al periodista castrista Edmundo García



Edmundo:

Hace años estás intentando hacerme una entrevista sin éxito, hasta el punto de resultar insoportablemente insistente porque además, para colmo, en tu petición posteriormente iban tus entrevistas adjuntas, esas entrevistas que no tuve más remedio que clasificar como “correo no deseado”, para al fin librarme de ellas.

Edmundo, tienes una forma de hacer periodismo que no es tal; coges a tus víctimas (a tus entrevistados), no los indagas, los cuestionas, los destrozas con una autoridad que no sé cuál ser poderoso te ha otorgado y terminas triunfante ante una persona apabullada por el terror de tus palabras que recuerdan un viejo estilo autoritario, ridículo y obsoleto. Esa es a mi juicio la esencia de tu programa.

Cuando leí tu panfleto mi primera reacción fue ver a una niña en la pubertad, asombrada y ruborizada ante su primera menstruación, miedosa de cometer pecado ante una manifestación natural de su desconocido organismo. Esa fue la primera impresión, pero la segunda, fue más solemne y peligrosa: me di cuenta de que no solamente eras todo lo que yo había pensado, sino más aún, estabas ingresando en ese grupo selecto de la ultraderecha miamense que no admite reconciliaciones, críticas y que cuyo único neolítico gesto es romper discos con aplanadoras. Tú, al igual que ellos, no quieres amor, quieres odio, tú al igual que ellos, no quieres reconciliación, quieres rencores y desunión, tú en suma, no quieres al pueblo cubano, ni de allá ni de acá. Edmundo, tú no quieres a nadie y no me hubiera extrañado verte en esa “enorme” turba gritando “Abajo, abajo”, donde sin duda alguna hubieras sido bien recibido.

Has insinuado que la prensa de Miami y España se aprovecha y utiliza mis palabras en vez de beneficiarme de ese espacio para arremeter contra el imperialismo. Edmundo, estás equivocado, soy yo el que me sirvo de esos periódicos para que difundan las entrevistas que en Cuba me están negadas y que sueño con que aparezcan en el Granma y las lea todo el pueblo y que un sólo periodista, uno sólo de los tantos miles que hay en la isla, tenga lo que hay que tener para dar a conocer lo que tantos años llevo expresando; es más, como un punto de partida planteo que tu panfleto y esta carta se publiquen en el Granma y que el pueblo las lea, piense, sepa discernir por si mismo, y de una vez, dónde está la verdad y vayamos por el camino de las libertades individuales que tenemos que rescatar y que tú con tu actitud estás negando.

A mi regreso a La Habana y en concordancia con el párrafo anterior, le digo por este medio a la intelectualidad cubana, a los artistas, a los músicos y a los altos cargos del Estado, que no me susurren más al oído: “estoy de acuerdo contigo pero… imagínate!”. Yo no estoy arrepentido de incinerarme sólo en mi actitud, pero es triste y vergonzoso que haya un silencio cómplice tan funesto como tu manifestación, Edmundo. Estas dos conductas, una en Miami y otra en La Habana, increíblemente al final convergen en su propia contradicción.

Sobre la intelectualidad miamense que comentas que me ha apoyado en sus artículos, te diré que no tengo absolutamente ningún miedo ni prejuicio en recibir una frase amable y receptiva. No soy su compañero de viaje, pero Edmundo, me gusta sumar mientras que a ti te gusta dividir porque de eso vives, para eso estás en esta ciudad.

También te has atrevido a decir que he mal influenciado a artistas del talento y el prestigio de Serrat, Sabina, Víctor Manuel y Ana Belén. No hay duda de que en este terreno también eres un ignorante, debías de saber que Juan Manuel Serrat es uno de los hombres más admirados por su entereza, caballerosidad y su limpieza durante toda su vida, y su posición ante el franquismo arriesgando su carrera y su vida, lo llevó hasta la cima de la dignidad. Que Joaquín Sabina, que a los 23 años se exilió a Inglaterra en su oposición a Franco y a su propio padre, es uno de los artistas más sinceros y honestos que conozco (esto lo sabe bien Fidel) independientemente de su talento. Que Víctor Manuel y Ana, antes de nacer tú, y andar por esos rumbos inciertos, que todos conocemos, para llegar a ser el extremista que eres hoy, pertenecían al Partido Comunista de España, en la época de Franco, y eso, Edmundo, les pudo costar la vida. Esas personas que tú no has respetado, tienen talento propio, criterios propios y no se dejan influenciar por nadie, al contrario porque son ciertamente su talento y sus principios los que han influenciado a medio mundo.

Edmundo, mis 53 años de militancia revolucionaria me otorgan el derecho, que muy pocos ejercen en Cuba, de manifestarme con la libertad que requieran mis principios y esa libertad implica que no tengo ningún compromiso a muerte con los dirigentes cubanos, a los que he admirado y respetado, pero no son Dioses, ni yo soy fanático, y cuando siento que puedo hacer un reproche y decir no, lo digo, sin miedo y sin reservas. Cuando veo que unas señoras vestidas de blanco protestan en la calle y son maltratadas por hombres y mujeres, no puedo por menos que avergonzarme e indignarme y, de algún modo, aunque no estemos de acuerdo absolutamente, solidarizarme con ellas en su dolor; porque lo más vil y lo más cobarde puede ser que una horda de supuestos revolucionarios ataque despiadadamente a estas mujeres. No hay ningún código que defienda eso en el mundo, es más, la violencia de género se queda corta al ver esas salvajes manifestaciones. Estos dos conceptos que te he expresado, pero tú no has entendido – no hay duda de que estás en tu época de infantilismo revolucionario -, no implica que esté en desacuerdo con Fidel y tampoco implica que esté de acuerdo con las Damas de blanco. Pero tú vas al blanco o al negro, (más al negro que al blanco) y no tienes matices y los años irremediablemente te van a hacer aprender lo que es un verdadero revolucionario o inexorablemente vas a ingresar en ese mundo en el que he visto a tantos como tú, vagando, perdido en la nada.

Edmundo, ayer creo que sufriste un revés que no te apliqué yo precisamente, sino los varios miles de personas que asistieron a un recital, carísimo para su bolsillo en crisis, demostrando que es posible el amor, que si anteayer decían “No” y ayer decían “Tal vez”, hoy dijeron “Sí”, un sí contundente, más fuerte que tus sucias y ofensivas palabras.

Edmundo, te invito a que cojas tus maletas y regreses a tu país y allí tengas el valor de denunciar todo lo malo que veas, porque Edmundo, te advierto, esa lucha sí es dura y no te calles como esos miles periodistas de allá, cómplices lamentables del silencio.

En muchas ocasiones he dicho que me sentaré en el portal de mi casa para ver pasar el “cadáver” de mis enemigos, ahí te espero.

Solamente te exijo una cosa: saca mi nombre definitivamente de tu boca irrespetuosa y falsa, son demasiados los méritos que me ha otorgado el pueblo para que un desalmado como tú los manche con sus sucias palabras.

Pablo Milanés
Miami, 29 de agosto de 2011

(Texto tomado de la web Café Fuerte)

Para ver más sobre el tema

Yoani Sánchez sobre Pablo Milanés

Mujeres de blanco agradecen a Pablo Milanés

Entrevista con Rodrigo Rey Rosa


-En un momento hablas del supuesto secuestro que sufrió tu madre. ¿Eso pasó de verdad?

“Sí, eso pasó de verdad, y de verdad los momentos de más susto que pasé fue cuando alguien me dijo que creían que estaba investigando para tratar de averiguar quién había estado involucrado en el secuestro de mi madre. Eso sí me dio susto”.

-¿Sientes que “El material humano” es el libro en el que más te expones?

“Yo tenía una especie de regla: yo no podía desnudar más a otros si yo no me iba a desnudar al mismo punto. Y claro, había una especie de ejercicio de honestidad o striptease, no sé”.

-Hay algo del Borges metaliterario en esta novela. ¿Como te relacionas con eso?

“Creo que Borges es enorme. Como él decía de otros, en un momento para mí fue toda la literatura. Y esa especie de sencillez que busca al final es con la que yo más me siento cercano. Siento que la cosa metaliteraria implica una especie de sociedad o un entorno muy distintos del que puede haber aquí, en país analfabeto. Eso se le puede dar muy bien a alguien de París, Barcelona o Buenos Aires, pero aquí sería impostado”.

Ni Asturias ni Donoso

-¿Cuál fue tu labor en la nueva edición de los “Cuentos reunidos”, de Bowles?

“Es una selección que yo escogí, con un prólogo mío. Y es más amplia, quizás el doble que la anterior. También hay unas traducciones nuevas que yo hice. Algunas las retraduje yo, otras pedí que las retradujeran los otros traductores”.

-¿Qué otros autores leíste gracias a Bowles, aparte de Borges y Bioy Casares?

“Graham Greene, Patricia Highsmith, Chandler; toda la literatura policiaca de la que Borges no gustaba porque la consideraba demasiado violenta, demasiado americana. También Flannery O’Connor. Además, Paul se mantenía al día porque los autores le enviaban sus libros: Easton Ellis, McLerny. También Cormac McCarthy. Ahí leí Meridiano de sangre “.

-¿Has tenido problemas por tener una mirada crítica con respecto a Miguel Ángel Asturias?

“Mira, yo creo que es un autor que tiene cosas muy buenas, pero que acá se ha tomado como modelo, y es equivocado porque es un tipo de escritor muy particular que como modelo es nefasto, porque es como un callejón sin salida, de cierta manera. Hay muchos escritores o críticos aquí que dicen que yo no soy un escritor guatemalteco, y viene de eso, de que no me reconozco como un heredero de Asturias”.

- Acá Bolaño también fue muy crítico con la figura de José Donoso.

“Es algo natural que estos escritores se vuelven emblemáticos para alguna generación, pero no creo. Asturias, y también Donoso, tienen una parcela muy importante que nadie les discute, pero no creo que deban ser tomados como representantes de la literatura nacional. Desde luego no es culpa de los autores, sino que es algo vinculado a la crítica, la academia o el público”.

-¿Cómo fue tu relación de lector con el Boom latinoamericano?

“Mira, los autores del Boom corresponden a una literatura que no llegaba como Boom acá, sino que era sólo lo que había. Y en realidad, ninguno me convirtió o despertó el germen literario”.

-¿Qué te pareció el Nobel a Vargas Llosa?

“(Cinco segundos de silencio) A mí me pareció merecido (Once segundos de silencio y luego una leve risa). Merecido” La Revista de Libros de El Mercurio entrevistó al narrador Rodrigo Rey Rosa a propósito de una visita a Chile