sábado, 4 de mayo de 2013
La leyenda de los pumas grises del Lago Titicaca
Y la historia no escrita de este pueblo dice que…
Apu Qullana Awki creó el mundo, la tierra, el cielo, los animales y a los seres humanos.
Al finalizar su tarea, el Apu Qullana Awki subió a los cerros cubiertos de nieve para vivir allí. Y con su voz poderosa les dijo a todos los seres vivientes: “Sean felices. Estén tranquilos en este paraíso que he creado para que todos ustedes vivan en paz”.
En aquellos tiempos, el lago era un valle hermoso. No había envidia ni peleas entre la gente.
El único mandamiento del Apu Qullana Awki fue no subir a la montaña sagrada, donde él vivía.
Entonces el hombre le dijo: “¿Y por qué no vamos a subir? Queremos ser poderosos como él”. Así fue como desobedecieron.
Cuando estaban subiendo al cerro, se escucharon unos terribles rugidos que dejaron a todos sumidos en el terror.
Apu Qullana Awki hizo salir de sus cuevas a muchos pumas grises que devoraron a la gente. Casi todos murieron
Entonces, el padre Sol, tata Inti, lloró sin consuelo durante cuarenta días y cuarenta noches. Las lágrimas del Sol fueron formando una laguna, un gran lago que ahogó a todos los pumas. La poca gente que se salvó, dijo: “qaqa titinakawa… Ahí están los pumas grises… Titi-caca”.
Así cuentan los aymarás el nacimiento de su pueblo, agradecidos al Sol, tata Inti o Wiracocha y devotos de la Pachamama o Madre Tierra.
jueves, 8 de noviembre de 2012
A Curenta y Nueve años de Rayuela
la
maga
Rayuela, de Julio Cortázar |
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En su soledad de París, Horacio intenta la comprensión de otro ser paralelo: Morelli, el escritor sin amigos y sin lectores. No obstante, en sus teorías literarias encontramos el manifiesto de Cortázar en lo que atañe a literatura de liberación. Ante las acongojantes visicitudes del siglo XX, el intelectual se encuentra en solitario, perseguido muchas veces por la izquierda y la derecha, por el gobierno constituido y por convenciones sociales. Para él la mayoría de las veces, solamente le queda el lector como meta de comunicación. Ahora bien, este lector está masificado, acosado por los medios de información modernos. El autor no puede permanecer en la misma situación de superioridad que el narrador tradicional; tiene que hacer un pequeño esfuerzo para atraerse la confianza del lector. Para contar las penas al semejante hay que acudir a la ocasión propicia, para que el interlocutor comparta las congojas. El autor debe procurar estar en el mismo tiempo que el lector, a su altura y en su mundo. Morelli parece entregarse a la búsqueda de esta solución: "Intentar en cambio un texto que no agarre al lector pero que lo vuelva obligadamente cómplice al murmurarle, por debajo del desarrollo convencional, otros rumbos esotéricos". No se trata de un "mensaje", sino de una conversación entre "mensajeros". Para Cortázar no hay novela sin lector- creador. La literatura es vida compartida, "puente vivo de hombre a hombre y que el tratado o el ensayo sólo permite entre especialistas". Lo que persigue Morelli- Cortázar es poner al lector en una situación personal, en un contacto directo, sin barreras de tesis o mensajes psicológicos. En síntesis, Morelli expresa la sublime intención de Cortázar: "Por lo que a mí respecta, me pregunto si alguna vez conseguiré hacer sentir que el verdadero y único personaje que me interesa es el lector, en la medida en que algo de lo que escribo debería contribuir a mutarlo, a desplazarlo, a extrañarlo, a enajenarlo". Naturalmente, el lector entonces tiene que dejar de ser un ente pasivo que adquiere la obra, la almacena, la vuelve a tomar entre sus manos, la lee y la elimina. No es así la intención del autor, sino que aspira a mucho más: "Hacer del lector un cómplice, un camarada de camino. Simultanearlo, puesto que la lectura abolirá el tiempo del lector y lo trasladará al del autor. Así podrá llegar a ser copartícipe y copaciente de la experiencia por la que pasa el novelista, en el mismo momento y en la misma forma". Morelli-Cortázar no intenta la construcción de un personaje al modo tradicional, sino que pretende que el lector contribuya a dar la dimensión completa de los seres que deambulan por la novela. Para convertir un ser plano en uno denso también cuenta con la fuerza del lector, con todas sus experiencias, pero también con todas las debilidades, con todas sus limitaciones. Con la forja de una situación límite, Cortázar va a conseguir la concreción de su solitario personaje, al mismo tiempo que logrará la definitiva cooperación del lector y la sublimación del doble. A mitad de camino, como dos parlamentarios antes de la batalla, cada uno con sus armas, el autor y el lector deben colocar las diversas piezas de la obra. A mitad camino entre dos edificios coloca también Cortázar a Horacio y Traveler. La situación límite en su obra adquiere dimensiones dificilmente superables. Para llegar al encuentro es necesario volver la vista atrás. |
¿Encontraría a la maga? Tantas veces me había bastado asomarme, viniendo por la rue de Seine, al arco que da al Quai de Conti, y apenas la luz de ceniza y olivo que flota sobre el río me dejaba distinguir las formas, ya su silueta delgada se inscribía en el Pont des Arts, a veces andando de un lado a otro, a veces detenida en el pretil de hierro, inclinada sobre el agua. Y era tan natural cruzar la calle, subir los peldaños del puente, entrar en su delgada cintura y acercarme a la Maga que sonreía sin sorpresa, convencida como yo de que un encuentro casual era lo menos casual en nuestras vidas, y que la gente que se da citas precisas es la misma que necesita papel rayado para escribirse o que aprieta desde abajo el tubo de dentífrico. Oliveira había bajado los brazos y parecia indiferente a lo que Talita hiciera o no hiciera. Por encima de Talita miraba fijamente. "Estos han tendido otro puente entre ellos", pensó Talita. "Si me cayer a la calle no se darían cuenta". |
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En Madrás o
en Heidelberg, el fondo de la cuestión es el mismo: hay una especie de equivocación
inefable al principio de los principios, de donde resulta este fenómeno que les está
hablando en este momento y ustedes que lo están escuchando. Toda tentativa de explicarlo
fracasa por una razón que cualquiera comprende, y es que para definir y entender habría
que estar fuera de lo definido y lo entendible. Ergo, Madrás y Heidelberg se
consuelan fabricando posiciones, algunas con base discursiva, otras con base intuitiva,
aunque entre discurso e intuición las diferencias son claras como sabe cualquier
bachiller. Y así ocurre que el hombre solamente parece seguro en aquellos terrenos que no
lo tocan a fondo: cuando juega, cuando conquista, cuando arma sus diversos caparazones
históricos a base de ethos, cuando delega el misterio central a cura de
cualquier revelación. Y por encima y por debajo, la curiosa noción de que la herramienta
principal, el logos que nos arranca vertiginosamente a la escala zoológica, es una estafa
perfecta. Y el corolario inevitable, el refugio en lo infuso y el balbuceo, la noche
oscura del alma, las entrevisiones estéticas y metafísicas. Madrás y Heidelberg
son diferentes dosajes de la misma receta, a veces prima el Yin y a veces el Yang, pero en
las dos puntas del sube y baja hay dos homo sapiens igualmente inexplicados, dando grandes
patadas en el suelo para remontarse el uno a expensas del otro.
-Es raro -dijo Ronald-.
-Es raro -dijo Ronald-.
Rayuela es
una novela donde, en un principio, Horacio no sabe que busca algo. Pero ese ansia de
buscar debe ir creciendo porque al cabo de las páginas ya es consciente de que su
deambular por París es la búsqueda de un no sé qué. Después algo pasa, algo lo
suficientemente revelador y concluyente para que pueda hacer exclamar al más sólido militante
que "esto es absurdo" o "esto no tiene sentido".
Que cuando el autor quiere poner un final de trayecto al sogea, el lector ya sabe que Horacio siempre había sabido lo que buscaba porque ya lo tenía consigo. El lector ya sabía desde que Horacio deambulaba por París decidiendo, como si en ello le fuera la vida, en verdad le iba, si tomar la primera bocacalle o no, que la respuesta a la primera pregunta es siempre que no y en cambio, toda la novela, todas esas calles en un sentido u otro, fingiendo estar dentro para acabar encontrandolo sentado en lo alto de la valla junto a ese lector perdido en la inmensa catarata de títulos de autores reales o negros virtuales que cuentan historias mal oídas y peor relatadas sobre un viejo ciego que narra en tono épico, el fragor de las batallas que otros recuerdan que vivieron en su juventud.
Que cuando el autor quiere poner un final de trayecto al sogea, el lector ya sabe que Horacio siempre había sabido lo que buscaba porque ya lo tenía consigo. El lector ya sabía desde que Horacio deambulaba por París decidiendo, como si en ello le fuera la vida, en verdad le iba, si tomar la primera bocacalle o no, que la respuesta a la primera pregunta es siempre que no y en cambio, toda la novela, todas esas calles en un sentido u otro, fingiendo estar dentro para acabar encontrandolo sentado en lo alto de la valla junto a ese lector perdido en la inmensa catarata de títulos de autores reales o negros virtuales que cuentan historias mal oídas y peor relatadas sobre un viejo ciego que narra en tono épico, el fragor de las batallas que otros recuerdan que vivieron en su juventud.
Y te
preguntarías, supongo, que por qué el capítulo 23, recogido por algunos comentaristas
de textos como arquetipo, paradigma de su surrealismo o teatro del absurdo, laberinto
kafkiano, expiación cristiana, suicidio samaritano, tocapelotas de la razón pura.
Será un error de metraje, dices, ya que donde de verdad pasan cosas es en el 24. El capítulo 23 es la imagen especular del 54, a punto de cerrar ya el tintero. Si pudiera encontrar ese pasaje, que había esperado Horacio, que se abriera bajo la estatua de nuestro Luis Vives que saliera directo bajo la vuestra de Raimond Llull y hacerte sentir o comprender las proporciones de lo que cambia entre ambos capítulos. Yo tampoco recordaba qué era importante de él, hasta que volví a saber de un boulevard bajo la lluvia llevando a alguien del brazo. Sólo que esta vez, para mí, era pasar de querer salvar el mundo a pedir tan sólo piedad, como a Talita, buscar un asidero y recibir el tajo que cercena la mano, ("prefiero que no") y todos estos links son esos piolines con los que pretenderá, más tarde, defenderse Horacio, que no son una nueva línea Maginot sino que están llamando a todas las almas buenas del Ejército de Salvación, y de la Federación Interestelar de todas las oenegés del mundo mundial.
Será un error de metraje, dices, ya que donde de verdad pasan cosas es en el 24. El capítulo 23 es la imagen especular del 54, a punto de cerrar ya el tintero. Si pudiera encontrar ese pasaje, que había esperado Horacio, que se abriera bajo la estatua de nuestro Luis Vives que saliera directo bajo la vuestra de Raimond Llull y hacerte sentir o comprender las proporciones de lo que cambia entre ambos capítulos. Yo tampoco recordaba qué era importante de él, hasta que volví a saber de un boulevard bajo la lluvia llevando a alguien del brazo. Sólo que esta vez, para mí, era pasar de querer salvar el mundo a pedir tan sólo piedad, como a Talita, buscar un asidero y recibir el tajo que cercena la mano, ("prefiero que no") y todos estos links son esos piolines con los que pretenderá, más tarde, defenderse Horacio, que no son una nueva línea Maginot sino que están llamando a todas las almas buenas del Ejército de Salvación, y de la Federación Interestelar de todas las oenegés del mundo mundial.
54
y de golpe,
sin saber cómo, se había oído hablándole a Talita como si fuera la Maga, sabiendo que
no era pero hablándole de la rayuela, del miedo en el pasillo, del agujero tentador.
Entonces (y Talita estaba ahí, a cuatro metros, a sus espaldas, esperando) eso era como
un fin, la apelación a la piedad ajena, el reingreso en la familia humana, la esponja
cayendo con un chasquido repugnante en el centro del ring. Sentía como si se estuviera
yendo de sí mismo, abandonándose para echarse -hijo (de puta) pródigo- en los brazos de
la fácil reconciliación, y de ahí la vuelta todavía más fácil al mundo, a la vida
posible, al tiempo de sus años, a la razón que guía las acciones de los argentinos
buenos y del bicho humano en general. Estaba...
-Vos... -dijo Oliveira mirándola colérico, y se interrumpió para abrir la cerveza con
un golpe de la mano contra el borde de una silla. Estaba viendo con tanta claridad un
boulevard bajo la lluvia, pero en vez de ir llevando a alguien del brazo, hablándole con
lástima, era a él que lo llevaban, compasivamente le habían dado el brazo y le hablaban
para que estuviera contento, le tenían tanta lástima que era positivamente una delicia.
El pasado se invertía, cambiaba de signo, al final iba a resultar que La Piedad no estaba
liquidando. Esa mujer jugadora de rayuela le tenía lástima, era tan claro que quemaba.
sangre en las venas
te digo y me decís
y nuestro pulso, cruel detractor de barbaries
que no conocimos, perpetuo carnaval que se nos
aparece junto a los ojos...
felina, la mujer-pez se acerca y me acaricia, me mima
con sus palabras escritas en un viento cambiante, que
acompañó la mutación del mar, el cambio de estaciones
sagrado...
y saber que cada vez falta menos, que nuestra época
todavía no ha comenzado, y que inventaremos historias
hermosas con finales tristes en alguna habitación
vacía, que nos tendrá como únicos habitantes
y treparemos a las paredes
y dejaré que me mates
para matarte luego yo
y quizás nos encontremos una noche de lluvia,
y contemplaremos, seremos los testigos de esto que
no me ánimo a definir como historia, libro o mandala,
nuestra hermosa y maldita carcel kármica que supimos
conseguir...
no le hagás caso a mi voz...vos sos la
verdadera voz, la palabra, el designio...yo soy el
dibujo, la imagen vista desde lejos, ese que se te
acercará, te devolverá tu corazón de cristal después
de tanto tiempo, y te abrazará, te besará y te
invitará a nadar contra la corriente a su lado para
siempre...
el milagro de los colores
tu pelo, mitad
hermosa cara para ser dibujada
voy a desterrarte infinitamente de tu cárcel,
vos no estás hecha para seguir formando parte de
colecciones, de listas aleatorias y humanas...
somos culpables de la eternidad, Maga...la
palabra maldita te encierra, a mi también...vos sos la
Maga que me encontró, yo soy el Leandro que un Mayo te
quiso dibujar...
estamos rompiendo las leyes de la identidad
convencional, estamos destrozando las imaginarias
barreras de espacio y tiempo, nunca creimos en las
distancias ni en los mares premonitores...aunque se
que aún existe un miedo...se que la entrega tendrá que
ser absoluta, o no servirá para nada que hayamos
engañado a los relojes...
perfecta musa para este pintor de muñecos desnudos
cuando nos veamos de nuevo detendremos los
relojes, y permaneceremos eternamente en ese primer
día, nuestro libro nunca dejará de comenzar, nos
sorprenderá con las metáforas de las que formaremos
parte...la penúltima canción continuará sonando...
vamos a enterrar a nuestros yo equívocos
quiero equivocarme de nuevas maneras a tu lado
poeta maldita,
dama asesina,
princesa vampira,
mujer, mujer-pez,
ojos de gata,
Maga,
mi error más hermoso
o mi hermosura más errónea...
preparemos las alas, mitad...
vas a ver que los peces pueden volar...sé que lo sabés, Maga...se nota en tus naturalidades, en la forma de caminar, en la manera de alzar la vista irónicamente, la mayoría confunde ese gesto con ingenuidad, yo lo entiendo, yo soy la Maga, la no-Maga, la coraza, el cigarrillo en lugar de la metáfora, el deseo de dejar de existir, el deseo de empezar a existir...-Che, te estás poniendo metafísico y viejo, L.-sonrió entre dientes, luego de decir por segunda vez esa oración, en apariencia inocente y hasta jocoso, pero sabiendo ( o sin saber) que era eso... que era verdad...La Maga (lo había observado en los últimos días) tenía el puñal clavado de una manera mucho más visible de lo que había pensado en un principio...seguramente el calor que había comenzado, había dejado al descubierto las heridas...viendolo desde afuera no parecía tan grave, pero sabía -lo intuía en sus transformaciones a no-Maga- el dolor era gigante...perfecta representación de la palabr
Suenas a
realidad, a tridimensional, a viable, a olor de multitud, a fiesta, a vida ciudadana, a
humedad de noche en la playa, a un apretado fin de semana, a hoguera, humo y ruido, a
amistad que dura y es fecunda, a cobijo de la intemperie, a valses y canciones, a
canciones de madre, a jotas, danzas y fandanguillos, a vino y guitarra, a amores
sosegados, a locuras poéticas, a licencias de sensatez, a morbo y masoquismo, a
incomprensión compartida, a paredes húmedas con olor a amor, a saliva amarilla, a fruta
olorosa, a mar mediterráneo, a bosque urbano, a celos y pasiones, a largos paseos de
noche, a ilusiones y sueños de adolescente.
La novela
'Rayuela'
cumple cuarenta años
|
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'Rayuela' la
conquista de la trasgresión Elsa Fernandez-Santos, El País. Madrid. 14 mayo 2003.
La novela de Julio Cortázar, arquetipo literario y símbolo de una generación, cumple 40
años. La destrucción del sentido común, la perversión del lenguaje, la imaginación al
servicio de nadie. En 1959, Julio Cortázar (Bruselas, 1914-París, 1984) se refiere al
libro que entonces prepara: "Será algo así como una antinovela, la tentación de
romper los moldes en que se petrifica este género". Rayuela se publicaba cuatro
años después revolucionando ("provocar, asumir un texto desaliñado,
incongruente") la literatura en castellano. Las aventuras parisienses de Rayuela
("En el fondo, París es una enorme metáfora", escribe Cortázar) fueron una
puerta a la modernidad de toda una generación que, en plenos años sesenta, encontró en
este libro la transgresión que anhelaba. Ayer, un grupo de escritores y amigos de
Cortázar analizaron en Madrid al escritor y su obra. Rayuela era una novela que se
presentaba como protagonista de sí misma, un juego de palabras que podía leerse
siguiendo múltiples caminos, sin pautas. Rayuela pedía un lector libre. En 1951, poco
antes de embarcarse en su escritura, Cortázar escribía en una carta a su amigo Fredi
Guthmann: "No quiero escribir, no quiero estudiar; quiero, simplemente, ser de
verdad; aunque ello me lleve a descubrir que no soy nada". Ayer, y bajo el título de
Celebración de Julio Cortázar (a los 40 años de 'Rayuela'), la Casa de América de
Madrid celebró una mesa redonda en la que el crítico y poeta Saúl Yurkievich, encargado
de las obras completas de Cortázar que editará Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores,
definió Rayuela como una "jugarreta metafísica, una jugada lúdica y humorística
en la que Julio da lugar a todo lo que se le ocurre y todo lo que ocurre. Es la chispa, el
capricho y el divertido dislate". "En Rayuela", continuó, "tenemos
todos sus saberes y todos sus quereres". Yurkievich añadió: "Cortázar nunca
se consideró un escritor profesional, era imposible teniendo en cuenta su relación con
la literatura. Necesitaba estar del todo implicado en el escrito, para él la literatura
era algo estrictamente personal, era una literatura contra sus propios poderes, siempre
escribiendo la antiliteratura, adoptando la antiforma, creando la antinovela. Cortázar no
quería apoyarse en las facilidades del oficio y por eso siempre está en el filo de una
cornisa con peligro de caerse de un lado o de otro. Siempre nadó contracorriente, buscaba
controvertir y controvertirse". Junto a Yurkievich, participaron -en un acto al que
asistió la viuda y segunda mujer de Cortázar, Aurora Bermúdez- otros miembros de la
Cátedra Julio Cortázar de la Universidad de Guadalajara: Raúl Padilla, Sealtiel
Alatriste, el crítico Julio Ortega y el escritor Carlos Fuentes.Sealtiel Alatriste
calificó Rayuela como "la piedra de toque" de la educación sentimental de toda
una generación. Recordó sus últimos encuentros con el autor de Historias de cronopios y
de famas, entre ellos, el último, un paseo por la casa de la pintora Frida Kahlo, donde
el escritor argentino le dijo: "Tú piensas que yo debería haber escrito un gran
libro, pero no entiendes que yo escribo para vivir". "Cortázar", añadió,
"me enseñó que la fuerza de la literatura está en la vida misma y no en la
perfección de lo que se escribe". Alatriste recordó cómo la muerte de la tercera
mujer de Cortázar, Carol Dunlop, sumió al escritor en una terrible tristeza. Ella, mucho
más joven que él (y también infectada por el entonces desconocido virus del sida),
murió sin que él acabara de aceptar su desaparición. Julio Ortega (que tituló su
intervención Retrato de Julio Cortázar con musas al fondo) versó su comparecencia en la
reacción apasionada que provocaba la lectura de Rayuela en las mujeres. "Cortázar
fue víctima de sus lectoras", afirmó Ortega. "Empezaban buscando un lugar en
sus libros y acababan queriendo un lugar en su vida. Las muchachas de mi facultad querían
sobre todas las cosas ser La Maga: llevaban medias negras, fumaban Gitanes y empezaban a
cocinar mal, llevaban como una especie de amenaza Rayuela bajo el brazo. Con ese libro, de
alguna manera empezó la crisis existencial masculina. Algunas de estas lectoras creían
que Cortázar les había escrito personalmente a ellas, se sentían sus novias".
"Él", continuó Ortega, "había concebido la literatura como un acto
amoroso, un acto íntimo". Tanto Carlos Fuentes como Raúl Padilla recordaron el
compromiso político de Cortázar. Dijo Padilla: "El tono emocional y la perspectiva
del autor de Rayuela no fue diferente a la del hombre político. Cortázar mezcló el
pesimismo con el optimismo, la condena con la esperanza. En sus obras y en sus compromisos
políticos el eje siempre fue el hombre. Carlos Fuentes recordó su vieja amistad con el
escritor ("ya son 19 años sin Julio"). El autor mexicano señaló que con
Cortázar murió también el misterio de su propia literatura, aunque no el de un hombre
"excelente", a la altura de lo que escribió. "Verlo por primera vez fue
una sorpresa. Fue en 1960 y en mi memoria sólo había una foto vieja en la que se le
veía con un aspecto prohibitivo, unas gafas enormes, el pelo pegado y lleno de gomina.
Cuando abrió la puerta de su casa vi el rostro de un muchacho alto y con pecas. Pregunté
por su padre, pero era él". Fuentes habló de una amistad que se prolongó durante
años en viajes y reuniones, en coincidencias aunque no siempre ideológicas y en lo que
definió como una amistad generosa y alegre. "Cortázar era un surrealista que
quería que la revolución fuera de dentro y de fuera. Vivió un conflicto del que pocos
se salvaron en nuestro tiempo, coincidimos políticamente en muchas cosas, pero no en
todo. La amistad salvó nuestras diferencias". Fuentes describió los paseos por el
Barrio Latino de París, reuniones con Gabriel García Márquez y sesiones de cine a todas
horas. "Lo llamé un día El Bolívar de la literatura, nos liberó liberándose. Le
dio sentido a nuestra modernidad porque la hizo crítica. Nos habló del valor
insustituible del momento vivido y por eso seguirá convocando a los lectores que necesita
para seguir viviendo".
y este otro
Un artefacto lleno
de posibilidades José Andrés Rojo. Mismo día, mismo periódico. Lo primero que pasó
con Rayuela era que tenía un formato manejable en aquella edición de Sudamericana.
Parecía un pequeño ladrillo negro, con las sobrias líneas blancas que dibujaban la
rayuela y sus letras amarillas, que incluso podía servir para tirárselo a alguien y
romperle la crisma. Pero casi mejor era abrirlo y adentrarse en sus páginas, y sucedía
entonces que se abrían miles de posibilidades de manipular el objeto. Podías leerlo
seguido o saltar de capítulos o aceptar el camino que te sugería el propio autor, de un
lado a otro, de atrás hacia delante, y luego al revés. (el inciso es mío) Ese mismo
artefacto negro de la Editorial Sudamericana de Buenos Aires, es el que tengo ahora mismo
entre las manos, en su edición de agosto de 1976, en el que lo hemos leído mis hermanos
y yo por primera vez. Lo tengo en lugar principal, junto con Paradiso de Lezama Lima y
otros incunables. No es tan duro, o las tapas se han ablandado y están llenas de
cicatrices que resaltan sobre el negro de charol, el paso de las hojas es suave y huele a
polvo, a biblioteca de viejo. (termina el inciso) Los escritores latinoamericanos habían
roto las estructuras, las formas, de los libros que se leían por entonces, y cultivaban
alegremente estilos que desafiaban las normas y en sus historias podía ocurrir cualquier
cosa. No es que se lo hubieran inventado todo, aunque eso era lo que parecía, pues
recorrían caminos que ya habían sido transitados en otras latitudes. Todo tenía, sin
embargo, un aire de frescura y era como si se hubiera abierto una caja de Pandora y
hubiera salido todo lo que estaba tapado. El artefacto de Rayuela, pues, rompía unos
cuantos esquemas, aunque tuviera también sus peligros. Uno de ellos, grave, era que daba
facilidades para convertir al lector en un auténtico pedante. Otro de ellos, menos
dramático, era que podía llevar a quien lo leyera a recorrer París con el gesto
ligeramente torcido y la mirada un tanto perdida, como quien va por el mundo con unas
vivencias tan sofisticadas que en nada se parecen a las que padecen el resto de los
mortales. Tenía, así, algo de libro iniciático, y el que se hubiera empapado en él
resultaba autorizado para recorrer el free jazz o las obras de Mondrian como si fueran su
propia casa. Más allá de estos riesgos, lo que se encontraba en Rayuela era a Julio
Cortázar. Un hombre de una estatura imponente con rasgos de adolescente que había
convertido la literatura en una suerte de alimento sin el cual resultaba imposible vivir.
En Rayuela, Cortázar contaba una historia de amor, con todos sus dolores y miserias, la
ponzoña de los celos, los ajustes de cuentas, y también con la intensidad de sus
arrebatos y su ternura ("Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu
boca..."). Es un libro habitado por la melancolía y por un extraño dolor. Y
Cortázar había puesto todo aquello después de agitar las palabras, de meterlas en
pasadizos caprichosos, de hacerlas transitar al azar. Todo fluye en Rayuela, se
desparrama, pueden decirse las cosas en argentino, clavar fragmentos de procedencias
diversas unos detrás de otros, inventar sonidos ("Apenas él le amalaba el noema, a
ella se le agolpaba el clémiso y se caían en hidromurias..."). ("Por lo que me
toca, me pregunto si alguna vez conseguiré hacer sentir que el verdadero y único
personaje que me interesa es el lector, en la medida en que algo de lo que escribo
debería contribuir a mutarlo, a desplazarlo, a extrañarlo, a enajenarlo"). Llegó
Rayuela, hace tanto ya, para romper la rutina de las letras. Cortázar transcribía en una
de sus páginas una "nota pedantísima de Morelli": "Provocar, asumir un
texto desaliñado, desanudado, incongruente, minuciosamente antinovelístico (aunque no
antinovelesco)". Y después apuntaba su "método": "La ironía, la
autocrítica incesante, la incongruencia, la imaginación al servicio de nadie". Eso
fue lo que trajo, un fuerte golpe sobre la mesa para cambiar de sitio los papeles (y
además el libro tenía esas maneras distraídas de quien camina hacia ninguna meta, y no
lleva ninguna prisa). Con Rayuela llegaron también La Maga, Horacio, Rocamadour, Talita,
Traveler... Vinieron, aunque parezca imposible con esos nombres. Y llegó también esa
desazón, que se quedó, y que Cortázar formulaba así contado de uno de sus personajes:
"Sabía que sin fe no ocurre nada de lo que debería ocurrir, y con fe casi siempre
tampoco".
JULIÁN RÍOS
La fosforescencia
del semicírculo y las casillas en la portada negra anticipaba la visión final del libro.
Al volver a abrir mi primer ejemplar de Rayuela, fané y desencuadernado, daba un salto de
casi cuarenta años. En la esquina superior derecha de la primera página, a lápiz, 290,
el precio en pesetas elevado entonces que no lo era tanto de tener en cuenta que ese libro
era efectivamente "muchos libros". Comprado en un librero madrileño de la calle
de Preciados, según indica el sello en la última página, no tardaría en convertirse en
uno de mis libros más preciados. Al cabo de varios meses, y alguna reclamación, tenía
por fin en las manos la primera edición de esa novela publicada en Buenos Aires el 28 de
junio de 1963. (Desde la adolescencia la literatura era algo prohibido que venía de
Argentina). Debió de ser a mediados de octubre porque en un quiosco de la Gran Vía,
llamada entonces José Antonio, se anunciaba a todo color el adiós a Piaf. (Al mismo
tiempo desaparecía Cocteau, tan importante para un tal Cortázar). Tenía prisa por
llegar a casa y cortar las páginas, para encontrar a la Maga, o al Mago del hago y
deshago, y bajando por la calle de Alcalá ya estaba del lado de allá, al otro lado de la
página apenas atisbada, imaginando la Rue de Seine, la luz ceniza y olivo de un río que,
quién me lo iba a decir entonces, iba a tener mucho después a todas horas ante los ojos.
En 1974, Julio Cortázar me dedicaba ese releído raído reído ejemplar, tan socorrido,
que fue un salvoconducto para pasarme de la rayuela y salirme de mis Castillas.
***
1. Algunos años
antes, en 1970, dialogando con Octavio Paz en Londres, observaba que Rayuela le quitó el
corsé a esa señora un poco pesada que era nuestra novela y la obligó a hacer ejercicio.
Los años no pasan en balde y ahora, cursi e ricorsi, parece que se lleva de nuevo el
corsé, el discurso decimonónico que es el canónico para tantos fabricantes
emprendedores de comienzos del siglo XXI.
2. Por el humor se
sabe dónde está el juego y comprobé más de una vez que el lector sin sentido del humor
se quedaba enseguida fuera de juego, del hagan juego, en una novela cómica como Rayuela.
Por el amor se sabe dónde está el fuego, todos los fuegos encendidos de amadores, que
arden en Rayuela desde "esa ligera llama rosa" que podemos alcanzar con la
lengua.
3. Ante algún
perfecto desconocido, verdaderamente impenetrable, Cortázar solía dejar caer como por
azar el nombre salvador de Dalí... De modo parecido, mi test reactivo es Rayuela, para
tratar de saber con y de quién se trata, y ganar tiempo, porque enseguida el lector de
principios echa de menos el final, un final fijo, resulta un libro algo excesivo, ¿no le
parece?, momento perfecto para el final del juego y apresurar la despedida.
4. Recordaba una
conversación con Julio Cortázar sobre humor negro y blanco de España, a finales de los
setenta, en el hotel Palace de Madrid, que yo solía llamar Palace Ateneo, porque allí
paraban tantos escritores. En ese hotel había vivido permanentemente un periodista y
humorista gallego, Julio Camba, que probablemente Cortázar no había leído, aventuré,
para afrenta de lector tan omnivoraz. El autor de Rayuela conocía de sobra al autor de La
rana viajera, y a otros humoristas galaicos, pero la mejor explicación me la daría mucho
después Carlos Fuentes: "Julio conocía a todos sus tocayos". Alguno como Julio
Casares le facilitaría con su Diccionario los llamados "juegos en el
cementerio" de Rayuela.
5. Una pareja que
se besaba junto a las barcazas del canal Saint-Martin, en el penúltimo capítulo de la
novela Monstruario, gracias a la ósmosis de la literatura y a los besos comunicantes se
desdoblaba en Horacio y Lucía, para llamar por su nombre a aquellos amantes del Sena
rioplatenses, que en la distancia acababan reducidos a un enrevesado anaglifo o
jeroglífico glíglico.
6. Me parece que
una palabra clave de Rayuela es invención, así en cursiva en la novela, la invención de
cada día, al clavar el dardo en el centro de la realidad cotidiana, y transformar
cualquier cosa banal en lo nunca visto, como muestra Picasso al poner su pica en Flandes y
darle la vuelta al manillar de la bicicleta sobre el sillín invertido, su modo de tomar
el toro por los cuernos y activar el trofeo atrofiado. La invención en Rayuela es doble:
quitarle a lo extraordinario el extra y añadírselo a lo ordinario.
7. Había
proyectado con el poeta y crítico Saúl Yurkievich un Libro de Rayuela, juego al que
Julio Cortázar iba a prestarse, un recorrido casilla a casilla por la novela dialogando y
divagando con su autor, pero la muerte -el 12 de febrero de 1984- impulsó el guijarro
fuera, al limbo de los proyectos.
8. Poco antes de
ponerme a saltar por esta rayuela de recuerdos, iba por el Quai de la Mégisserie con un
joven escritor español, Eloy Fernández Porta, recién llegado a París para preparar un
libro de conversaciones conmigo, y al pasar junto a los peces de abril, que abrían la
boca desde sus bocales al sol, evoqué a los protagonistas de Rayuela allí mismo, en
éxtasis ante las peceras, y pude comprobar que los rayos de Rayuela siguen iluminando y
alegrando a lectores y escritores veintiañeros. Y recordé que el pez solo se entristece
y entonces basta ponerle un espejo y el pez empezaba de nuevo a estar contento... Las
páginas espejos de Rayuela también animan al lector axolotl solitario.
9. Participé en
un homenaje a Julio Cortázar, a los cinco años de su muerte, en la sede de la Real
Academia de la Lengua Española, nada menos. Cuando me llegó el turno, recuerdo que
empecé así mi discurso: "Agradezco al autor de Rayuela que me haya permitido entrar
en la Academia...", y se me atragantó la carcajada, no por el dislate, sino por la
máscara de luna llena enharinada de la señora que trataba de irse del salón equivocado
y no podía ser otra que la pianista Berthe Trépat sin duda de tournée en Madrid.
En el Cielo o
semicírculo de la portada de mi primera Rayuela está inscrito Julio Cortázar. El cielo
de un autor son sus lectores -la calidad cuenta más que la cantidad- y el lector
cómplice de Rayuela recorre y descorre las casillas para llegar al cielo abierto en que
autor y lector (o coautor y colector) completan la figura de su propia constelación.
Existen diversas ediciones de Rayuela, de Julio Cortázar, en Alfaguara, Alianza,
Cátedra, Punto de Lectura y la Colección Archivos.
sábado, 14 de julio de 2012
BARROCO SXVII
La palabra "barroco" tiene un origen portugués, sinifica "berrueco" o piedra irregular. Su finalidad es evidentemente didáctica:
la propaganda de la Iglesia
Católica Universal. Y en cuanto a la temática del arte se puede
resumir en lo siguiente : todo lo que negaba Lutero, la Iglesia lo
reafirma: los Santos, La Virgen, la exaltación de la Iglesia
triunfal. (Ver página anterior,Concilio de Trento, 1545-63)
Barroco es la continuación al manierismo italiano de la primera mitad del SXVI: abandona la serenidad clásica para expresar un mundo en movimiento y la agitación de los sentidos. Es el arte de la Contrarreforma para reaccionar contra la severidad del protestantismo. La Iglesia alentó la edificación de templos con profusión de esculturas. Tanto las artes como la música iba dirigido a emocionar la devoción de los fieles mediante estímulos.
Barroco es la continuación al manierismo italiano de la primera mitad del SXVI: abandona la serenidad clásica para expresar un mundo en movimiento y la agitación de los sentidos. Es el arte de la Contrarreforma para reaccionar contra la severidad del protestantismo. La Iglesia alentó la edificación de templos con profusión de esculturas. Tanto las artes como la música iba dirigido a emocionar la devoción de los fieles mediante estímulos.
En 1540, San Ignacio de Loyola funda la Compañía de Jesús, siendo la Iglesia del Gesú en Roma el primer y mejor ejemplo de la estética
barroca, además de la segunda más grande de la Orden de los
Jesuitas, en honor a su fundador. De acuerdo con las aspiraciones de la
orden en promover la fe católica mediante las artes y
las ciencias y el envío de predicadores a todas las naciones para la
conversión de los fieles.
La arquitectura barroca se subordina a la decoración.
La arquitectura barroca se subordina a la decoración.
El fresco del techo de Andrea Pozzo crea una arquitectura ilusionista mediante la técnica pictórica del trompe-l'oeil, donde San Ignacio recibe la luz de la Anunciación
que surge de Cristo y la transmite a los 4 continentes.
El barroco romano se encuentra ligado al nombre de un escultor: G Lorenzo Bernini (1598-1680). Su fama traspasó fronteras. Concibió interiores completos en los que combinó los
distintos géneros artísticos en impresionantes obras globales llenos de contenido
El punto central de la Capilla Cornaro es el tabernáculo en el que se erige un grupo de mármol blanco El éxtasis de Santa Teresa, (1646) donde
los enormes
rayos dorados caen sobre la santa renovadora de la orden de los
carmelitas, mística y escritora, en un éxtasis visionario descrito por
ella misma. Recurre a los medios propios del teatro y a
una aplicación inteligente de la luz, como si de un escenario se
tratara.
Como vemos se rompe con la armonia de la etapa anterior. Hay un gusto por lo teatral, por la complejidad de formas, los contrastes de luz, la tensión.
Como vemos se rompe con la armonia de la etapa anterior. Hay un gusto por lo teatral, por la complejidad de formas, los contrastes de luz, la tensión.
Lorenzo Bernini,hijo de Pietro (1598-1680), escultor,arquitecto y
pintor, junto con Borromini es uno de los arquitectos más
representativos del barroco. La protección de los papas
Urbano VIII (1623-24) y Alejandro VII (1655-57) influyó en sus obras
de forma decisiva. Imprimió efectos escenográficos combinando
proporciones y perspectivas. La plaza de San Pedro
proyectada por Bernini para acoger a los peregrinos es una
de las joyas del barroco italiano. Está planteada como " 2 brazos que
reciben maternalmente a sus fieles", así da la
Iglesia la bienvenida a sus fieles.
La exaltación de la temática religiosa y el proyecto de reforma
emanado por la autoridad papal responde a una necesidad
política-religiosa: volver a conferir importancia a las grandes
basílicas
romanas y facilitar el acceso a los peregrinos.
El Baldaquino de San Pedro (1624-33) encargado a Bernini, en colaboración con Borromini, representa este concepto de exaltación papal. De estructura a medio camino entre escultura y arquitectura utiliza columnas salomónicas por primera vez desde la Antigüedad, decoradas con pámpanos de vid haciendo referencia a la Eucaristía.
El Baldaquino de San Pedro (1624-33) encargado a Bernini, en colaboración con Borromini, representa este concepto de exaltación papal. De estructura a medio camino entre escultura y arquitectura utiliza columnas salomónicas por primera vez desde la Antigüedad, decoradas con pámpanos de vid haciendo referencia a la Eucaristía.
Se llega a la Basílica de San Pedro por la Vía de la Conciliación,
trayecto obligado para acceder a la monumental Plaza de San Pedro
(Bernini), plaza elíptica cerrada en el fondo por la
fachada de Maderno realizada entre 1607 y 1614.
Ocho grandes columnas y 8 pilastras con capiteles corintios sostienen el
friso sobre frntón triangular. El cuerpo superior está
coronado por elegante balaustrada y estatuas de los apostoles. El
balcón central recibe el nombre de Logia de las Bendiciones desde donde se anuncia la proclamación del nuevo papa y la
bendición Urbi et Orbi.
Esta basílica se remonta a Constantino el Grande en el año 324. En 1506 el Papa Julio II adoptó el proyecto de Bramante (cruz griega y 3 naves), continuado por Rafael y Miguel Angel añade la gran cúpula (Vignola, Dellaporta, Fontana).Bernini añade la columnata ya en el barroco y Maderno la fachada.
Esta basílica se remonta a Constantino el Grande en el año 324. En 1506 el Papa Julio II adoptó el proyecto de Bramante (cruz griega y 3 naves), continuado por Rafael y Miguel Angel añade la gran cúpula (Vignola, Dellaporta, Fontana).Bernini añade la columnata ya en el barroco y Maderno la fachada.
Santa María de la Defensión , más conocida como Cartuja de Jerez
fue construida en 1667. En esta imponente fachada barroca llama la
atención una gran roseta
enmarcada en una estructura cuadrada, flanqueada por nichos de doble
columna en los que reposan estatuas de los monjes de la Cartuja.. En lo
más alto, en un nicho circular está el
fundador de la orden de los cartujos, San Bruno.
Una de las obras más importantes del barroco español es la Sacristía del Monasterio de la Cartuja en Granada.
Dicho Monasterio tiene su origen en una cesión del Gran Capitán del
año 1506. Las paredes recubiertas por estuco blanco con relieve y la
estatua de San Bruno ocupa una posición dominante en el retablo de
mármol policromo.
Una de las grandes joyas de la Catedral de Málaga es la sillería del coro
en madera de cedro, alerce y nogal construido a mediados del SXVII con
relieves
laboriosos y respaldos de imágenes de santos de aproximadamente un
metro..Fueron varios los artífices, hasta el año 1662 cuando se encargó
al escultor Pedro Mena que terminara la
obra: 42 sillas de coro con representaciones hagiográficas. Las
esculturas dan fe de la religiosisdad del escultor que concentraba toda
su fuerza expresiva en las manos y el rostro de los
personajes.
Cuenta la tradición que a orillas del rio Ebro en la ciudad Cesar Augusta, actual Zaragoza, el 2 de Enero del año 40 dC, la Virgen Santísima se apareció en carne
mortal al apostol Santiago y un grupo de conversos a orillas del rio sobre un pilar de mármol
y le pidió que en aquel lugar le diese culto para siempre.
Construyeron una pequeña Capilla, en torno al Pilar donde Ella
estaba de pié. Desde 714 existen documentos escritos que confirman este
Templo como lugar de peregrinación. Cuando en 1118 la ciudad
de Zaragoza fue reconquistada por los cristianos y por el rey
Alfonso I de Aragón a los sarracenos, El Papa Gelasio II para agradecer
la ayuda a la Virgen del Pilar ofreció indulgencias
para la reconstrucción de una gran iglesia en honor a la Virgen.Y
así sucesivas ampliaciones hasta que en 1670 se promovió la construcción
del templo barroco por Francisco de
Herrera el Mozo. Ventura Rodriguez culminó la reforma en 1765 y en SXIX se culminaron las cúpulas.
El PILAR, símbolo de solidez, fortaleza y fidelidad a Dios, es una columna de jaspe de forma cilíndrica 1´67 de altura y 25 cm de diámetro. La Virgen en madera, de 38 cm, sostiene al niño en brazos y tiene en la mano izquierda un pajarito.
El PILAR, símbolo de solidez, fortaleza y fidelidad a Dios, es una columna de jaspe de forma cilíndrica 1´67 de altura y 25 cm de diámetro. La Virgen en madera, de 38 cm, sostiene al niño en brazos y tiene en la mano izquierda un pajarito.
En el Oratorio de San Felipe Neri en Cádiz se redactó la primera Constitución española en 1812. Iglesia de planta ovalada para la que el
compositor austriaco J.Haydn escribió"Las siete últimas palabras de Cristo en la Cruz".
Uno de los grandes genios de la pintura italiana del barroco es Michelangelo Merisi da Caravaggio (1571-1610), discípulo de Tiziano y de la escuela veneciana. Aprendió el magistral manejo de la luz y el color. Trató por primera vez el tema de la naturaleza muerta y bodegones mezclando el realismo con un trasfondo alegórico.
Sus dos lienzos más conocidos comparten frente a frente la capilla Cerasi en Santa María del Popolo, pintados en 1601:La conversión de San Pablo y La crucifixión de San Pedro,sorprenden por su intensidad y dramatismo. Fueron muy dicutidos por utilizar modelos de los bajos fondos romanos.
Caravaggio, pintor controvertido, supo interpretar magistralmente la Teoría de la Gracia Iluminadora
, cuyo máximo teórico es San Agustín: La Gracia es un don que
desciende desde lo alto. La Luz es el símbolo de la Gracia que emana
de Cristo e ilumina a los hombres, es LA LUZ DE LA SALVACIÓN. Vemos en
estas dos obras cómo la luz cae sobre el
caballo,provocando un magistral escorzo o sobre el rostro de Pedro
rompiendo el equilibrio de las composiciones (diagonales) y quedando
iluminado lo trascendental y lo secundario desaparece en la
oscuridad.
El Apostol San Pablo se encontró con Dios en el camino de Damasco. Despues de aquel encuentro ya nada pudo detenerle. Recorrió 8.000 km a pié y 10.000 km en barco.
Caravaggio a su paso por Nápoles marcó a los artistas locales: Ribera (el españoleto), transmitiendo el naturalismo tenebrista a España: Zurbarán, Velazquez, Maíno.
El Apostol San Pablo se encontró con Dios en el camino de Damasco. Despues de aquel encuentro ya nada pudo detenerle. Recorrió 8.000 km a pié y 10.000 km en barco.
Caravaggio a su paso por Nápoles marcó a los artistas locales: Ribera (el españoleto), transmitiendo el naturalismo tenebrista a España: Zurbarán, Velazquez, Maíno.
SIGLO DE ORO ESPAÑOL(SXVI-XVII)
Entre el Renacimiento y el Barroco, fue la "Edad Dorada" española que se extiende entre los siglos XVI yXVII, llegando a su esplendor en las artes (Greco, Murillo, Zurbarán, Velázquez..),en la escultura(Imaginería española:Alonso Cano, Pedro Mena, Martínez Montañés, Gregorio Fernández), en la Literatura(Lópe de Vega, Cervantes, Quevedo, Calderón de la Barca..)
en literatura mística(San Juan de la Cruz, Santa Teresa..)en el humanismo (Luis Vives,Francisco de Vitoria) y durante los reinados de Felipe III, Felipe IV,Carlos II como consecuencia de la Contrarreforma que obligó a la Iglesia a luchar contra el protestantismo.
Entre el Renacimiento y el Barroco, fue la "Edad Dorada" española que se extiende entre los siglos XVI yXVII, llegando a su esplendor en las artes (Greco, Murillo, Zurbarán, Velázquez..),en la escultura(Imaginería española:Alonso Cano, Pedro Mena, Martínez Montañés, Gregorio Fernández), en la Literatura(Lópe de Vega, Cervantes, Quevedo, Calderón de la Barca..)
en literatura mística(San Juan de la Cruz, Santa Teresa..)en el humanismo (Luis Vives,Francisco de Vitoria) y durante los reinados de Felipe III, Felipe IV,Carlos II como consecuencia de la Contrarreforma que obligó a la Iglesia a luchar contra el protestantismo.
En este ambiente de esplendor intelectual y cultural se desarrolló la Imagineria española, fundamentalmente en dos áreas:Castilla (Valladolid con Gregorio Fernández) y Andalucía
(Martínez Montañés, Alonso Cano, Pedro Mena)
Esta escuela llega al perfecto dominio del cuerpo humano:Cristo de la Clemencia de Martínez Montañés.
Esta escuela llega al perfecto dominio del cuerpo humano:Cristo de la Clemencia de Martínez Montañés.
La escuela barroca castellana tiene en Gregorio Fernández su mejor maestro, consolidando un esquema iconográfico propio. El arte procesional ,igual que
Andalucía, alcanza su momento culminante en La Piedad, escena principal de la Cofradía de las Angustias, expresividad difícilmente superables: ese alma abatida, destrozada de la
Virgen María , proyección de las angustias de todas las madres como ejemplo de firmeza de Espíritu.
España, ha jugado un papel singular en la definición del dogma de la Inmaculada Concepción
de la Virgen ,definido solemnemente por el Papa Pio IX el 8 de
Diciembre de 1854 en la
Bula" Innefabilis Deus". En 1615 los hermanos de la Cofradía del
Silencio de Sevilla, sellaron mediante voto de sangre, defender que
María había sido concebida sin manha de pecado original. A
este voto solemne del pueblo sevillano se unieron otras muchas
ciudades y universidades.Incluso la Monarqia expresó su fervor mariano,
desde Felipe II y Felipe IV, que enviaron embajadas al Papa
para que proclamara el dogma, hasta Carlos III, quien reunió las
Cortes del Reino y declaró a La Inmaculada Concepción en 1760 Patrona De
España, junto con Santiago Apóstol.
Ya en pleno siglo de oro, la creación artística española fue
abundante en torno a esta advocación mariana. Como curiosidad , fue la
escuela sevillana la que dió a la Iglesia el modelo de la
imagen de la Inmaculada inspirada en el Apocalípsis de San Juan 12,1 donde se lee:"una gran señal apareció en el cielo, una mujer vestida de sol con la luna bajo sus pies y una
corona de 12 estrellas en la cabeza"
Bartolomé Esteban Murillo, a raíz de su matrimonio tomó como modelo a su esposa para todas sus pinturas de la Virgen, sus tres hijos modelaron ángeles y querubines. El fervor de aquel hogar dió sus frutos pues dos de sus hijos ingresaron en la Orden dominica y franciscana. Gracias a sus pinturas se propagó el amor y la devoción a la Inmaculada Concepción.
Bartolomé Esteban Murillo, a raíz de su matrimonio tomó como modelo a su esposa para todas sus pinturas de la Virgen, sus tres hijos modelaron ángeles y querubines. El fervor de aquel hogar dió sus frutos pues dos de sus hijos ingresaron en la Orden dominica y franciscana. Gracias a sus pinturas se propagó el amor y la devoción a la Inmaculada Concepción.
La Sagrada Familia de Murillo, ambientada en un
clima familiar , representa una escena doméstica tratada con delicadeza y
dulzura. Dos figuras complementarias :padre y madre, en
medio el Niño que atrae la atención del espectador, quien juega con
el perro, símbolo de la fidelidad. La escena, a primera vista cotidiana y
simpática toma un significado premonitorio ya que el
pájaro que sostiene el Niño es símbolo de la Pasión y del alma
salvada.
Detalles minuciosos, ambiente vaporoso difuminando perfiles y creando con maestría la técnica del claro-oscuro.Todo ello hacen de esta obra un lugar privilegiado de amor y escuela de oración.
Detalles minuciosos, ambiente vaporoso difuminando perfiles y creando con maestría la técnica del claro-oscuro.Todo ello hacen de esta obra un lugar privilegiado de amor y escuela de oración.
La simplicidad de esta genial obra maestra de Zurbarán, La Virgen Niña
dormida en una pausa de oración con el libro entre sus manos es gemela a
otra similar que
se conserva en el Museo Metropolitano de N.York. Sobre la mesa tres
flores, la rosa simbolizando el amor, la azucena la pureza y el clavel
la fidelidad.
Zurbarán, nacido en Extremadura, Fuente de Cantos
(1598-1664), conecta a la perfección con la espiritualidad del SXVII
pero tambien con la austeridad y humildad forjada en las
comunidades religiosas para las que trabajó. Sus ciclos monásticos y
serie de santos y virgenes están repartidos entre los mejores museos
del mundo. Destacó en pintura religiosa con una gran
fuerza visual y un profundo misticismo. La mayor parte de sus obras
estan en la Sacristía del Monasterio de Guadalupe, llamada la "Capilla Sixtina Española"
La Casa de Asturia, Período Habsburg
Con
este nombre se conoce a la rama de la dinastía Habsburgo que reinó en España en
los siglos XVI y XVII. Durante ese tiempo se Produjo la espectacular expansión
de un imperio en cuyos territorios «no se ponía el Sol»; sin embargo,
debilitado por las incesantes guerras y la crisis económica castellana, los
síntomas de su decadencia empezarían a manifestarse en esta misma etapa.
Los
Austrias Mayores: Carlos I y Felipe II de España
Las alianzas matrimoniales
concertadas entre Fernando el Católico y Maximiliano de Habsburgo determinaron
la introducción de la dinastía Habsburgo austriaca en el trono español. Fue
Carlos de Gante, nieto de ambos, el que reunió las herencias, convirtiéndose en
rey de Castilla y Aragón (con sus posesiones americanas y mediterráneas) en
1516, en señor de los dominios habsbúrgicos en Europa y en emperador de
Alemania (1519).
Esta compleja herencia determinó
la política de Carlos I (V de Alemania). Tuvo que enfrentarse al papado y a
Francia por el dominio de Italia, a tos principados alemanes rebeldes, a la
amenaza turca en el Mediterráneo y a la extensión del protestantismo en Europa.
Todos estos problemas le mantuvieron constantemente ocupado en guerras, pasando
más tiempo fuera que dentro de Castilla, y sin una Corte estable.
El enorme esfuerzo bélico tuvo su
coste económico. Las rentas procedentes de la exportación lanera de Castilla a
Flandes y la plata que venía de América no siempre eran suficientes, o no
llegaban a tiempo, y el rey recurrió a numerosos préstamos de banqueros
alemanes y genoveses, lo que comprometió gravemente el futuro económico de sus
reinos. Así, su hijo Felipe II tuvo que declarar la bancarrota tres veces a lo
largo de su reinado, en 1557, 1575 y 1597.
De hecho, además de las deudas,
Felipe había heredado las guerras de su padre, aunque no el título imperial,
que pasó, junto con las posesiones alemanas Y austriacas, a su tío Fernado
(1555). El nuevo rey logró apartar definitivamente a Francia de sus intereses
en Italia (Paz de Cateau-Cambrésis, 1559) y frenar el avance de los otomanos en
el Mediterráneo (batalla de Lepanto, 1571); asimismo, se anexionò Portugal y
sus colonias (1580), con lo que el Imperio ultramarino español adquirió
dimensiones colosales, aunque también iba a resultar más difícil de defender.
Menos afortunado en la lucha contra los protestantes, no pudo impedir la
secesión de las Provincias Unidas del norte de los Países Bajos (la actual
Holanda) en 1579, ni contener la expansión marítima de Inglaterra (derrota de
la Armada Invencible, 1588). Estos últimos fracasos marcan el comienzo de la
decadencia española, aunque su hegemonía en Europa todavía se mantuvo durante
cierto tiempo. Pero la economía castellana, principal sostenedora de estos
esfuerzos, estaba ya arruinada.
Los Austrias
Menores: Felipe III , Felipe
IV, Carlos II
El declive se agudizó bajo el
reinado de Felipe III, que no pudo continuar la política exterior de sus
antecesores por falta de recursos. Esta precariedad económica se agravó con la
expulsión de los moriscos (1609), la población descendiente de los musulmanes que
todavía permanecía en la Península, principal sostén de la economía agrícola y
manufacturera de algunos territorios, sobre todo en la corona de Aragón. Las
medidas que desde el poder se tomaron para hacer frente a la falta de liquidez,
como venta de cargos o la devaluación de la moneda, no hicieron sino agravar la
situación, instaurando la corrupción y el absentismo en la administración, y
distorsionan peligrosamente los intercambios mercantiles.
Felipe III, además, carecía de la
capacidad de su padre y de su abuelo, y delegó el gobierno en hombres de
confianza; quedó así instituida la figura del valido. Tanto el duque de
Lerma, como su hijo y sucesor en el cargo, el duque de Uceda, se revelaron como
mediocres gobernantes, bastante más preocupados por aumentar su fortuna
personal que por solucionar los graves problemas de la monarquía, que desde
1618 estaba embarcada en la guerra de los Treinta Años, apoyando a sus
parientes, los emperadores Habsburgo.
El ascenso al trono de Felipe IV
(1621) significó la asunción de las tareas de gobierno por un nuevo valido, el
conde-duque de Olivares. Miembro de una rama menor de un importante linaje
nobiliario, también se ocupó de aumentar sus rentas y posesiones personales,
aunque en menor medida que sus predecesores. De hecho, Olivares sí tenía
ambiciones políticas y capacidad de estadista; en el Gran Memorial que presentó
al joven Felipe (1624) trazaba las líneas de su programa. Su objetivo era
lograr que la monarquía unificase de forma efectiva todos los recursos económicos,
humanos y militares de sus distintos reinos (Unión de Armas, 1626), para
emplearlos en renovar su gloria, lo que significaba básicamente gastarlos en
las nuevas guerras en que estaba embarcada: con Holanda e Inglaterra por el
dominio colonial y con diversos Estados europeos —la Francia de Richelieu y
Luis XIII en la sombra— por la supremacía habsbúrgica en el continente. Esta
orientación suponía trastocar el complejo político que constituía la esencia
misma de la monarquía fundada por los Reyes Católicos, que nació de la
confederación de distintos reinos que conservaron sus peculiaridades jurídicas,
económicas y administrativas. Y eso era algo que sus súbditos no estaban
dispuestos a tolerar, especialmente en la corona de Aragón, siempre celosa de sus
libertades.
La década de 1640 fue desastrosa
para el gobierno de Olivares, y amenazo la misma unidad de la monarquía. Los
portugueses instauraron la dinastía de Braganza, hartos de sufrir en sus
colonias las consecuencias de los conflictos europeos castellanos (1640). Se
produjo un levantamiento en Cataluña (1640-1652) qUe a punto estuvo de separar
este territorio de la monarquía española e incorporarlo a Francia, que si logró
anexionarse los condados transpirenaicos del Rosellón y la Cerdaña. También estallaron
conspiraciones y levantamientos en Andalucía (1641),Sicilia (1646-1652) y
Nápoles (1647-1648). Mientras, en el escenario bélico europeo, la batalla de
Nórdlingen (1634) representó la última gran victoria de los ejércitos
españoles.
A partir de ese momento, la
suerte se volvió adversa para la coalición Habsburgo en la guerra de los
Treinta Años, complicada por la entrada oficial de Francia en el conflicto
(1635), acumulándose las derrotas de las agotadas y mal pagadas tropas
españolas. El año 1643, con la derrota ante los franceses en Rocroi y la caída
en desgracia de Olivares, marcó el punto de inflexión, a partir del cual todo
iría de mal en peor: la economía acusaba de nuevo los esfuerzos bélicos,
complicados con las malas cosechas, las continuas devaluaciones de la moneda y
la enajenación de cargos; por otra parte, el problema demográfico causado por
la muerte o ausencia de tantos hombres jóvenes se agudizaba. Se declararon
cuatro bancarrotas (1627, 1647,1656 y 1662), mientras las posesiones y el
comercio con América sufrían el acoso de ingleses y holandeses, y Francia se
expandía a costa de las posesiones españolas en sus fronteras. El tratado de
Münster (1648) y el de los Pirineos (1659) ratificaron el fin de la hegemonía
española en Europa, que pasaba a la pujante Francia de Luis XIV.
La muerte de Felipe IV significó
la entronización de Carlos II el Hechizado, llamado así por sus síntomas de
retraso mental y físico. Su reinado representó el punto más bajo de la
decadencia española, con una corte llena de intrigas en la que se disputaban el
poder la reina madre Mariana de Austria y su confesor, el jesuita Nithard, con
don Juan José de Austria, hijo bastardo de Felipe IV. Sin embargo, en medio de
estas desdichas y del acoso sufrido por las posesiones españolas —muchas de las
cuales cayeron en manos de sus enemigos—, se produjeron los primeros atisbos de
recuperación. Los proyectos de reforma de la administración o la hacienda,
propuestos por los arbitristas, y aplicados en parte por nuevos validos, como
el duque de Medinaceli o el conde de Oropesa, serían el preludio de los
importantes cambios introducidos en el siglo XVIII por los ministros ilustrados
de la dinastía borbónica.
Precisamente la muerte sin hijos
de Carlos II (1700) abrió un periodo de incertidumbre. El testamento del
difunto nombraba heredero a Felipe de Anjou, nieto de Luis XIV de Francia y
bisnieto de Felipe IV de España. Pero existían otros candidatos con derechos,
como Fernando de Baviera y, sobre todo, el archiduque Carlos de Habsburgo, que
no aceptaron esta solución y consiguieron partidarios en España. Finalmente,
tras la Guerra de Sucesión española (1701-1714), Felipe y de Borbón, apoyado
por su poderoso abuelo, se convirtió en el fundador de una nueva dinastía en
España.
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