sábado, 8 de octubre de 2011

15 Grandes frases de Steve Jobs



El genio de Apple es recordado por algunas de sus frases que confirmaban su espíritu emprendedor en el mundo de la tecnología.

1. Tenga un criterio de calidad. Algunas personas no están acostumbradas a un entorno en el que se espera la excelencia.

2. Cuando se innova, se corre el riesgo de cometer errores. Es mejor admitirlo rápidamente y continuar con otra innovación.

3. La mayoría de la gente piensa que el diseño es una chapa, es una simple decoración. Para mí, nada es más importante en el futuro que el diseño. El diseño es el alma de todo lo creado por el hombre.

4. Si vives cada día de tu vida como si fuera el último, algún día realmente tendrás razón.

5. El mercado para los ordenadores personales está muerto. La innovación ha cesado, virtualmente. Microsoft domina con muy poca innovación. Se acabó. Apple perdió. Ese mercado ha entrado en la edad oscura, y va a estar en esa edad oscura durante los próximos diez años.

6. Es mejor ser pirata que alistarse en la marina.

7. Cuesta demasiado diseñar productos a partir de grupos cerrados. La mayoría de las veces la gente no sabe lo que quiere hasta que se lo enseñas.

8. La innovación es lo que distingue a un líder de los demás.

9. Si hoy fuese el último día de mi vida, ¿querría hacer lo que voy a hacer hoy? Y si la respuesta era no durante demasiados días seguidos, sabía que necesitaba cambiar algo.

10. Hay que decir no a mil cosas para estar seguro de que no te estás equivocando o que intentas abarcar demasiado.

11. Tu tiempo es limitado, de modo que no lo malgastes viviendo la vida de alguien distinto. No quedes atrapado en el dogma, que es vivir como otros piensan que deberías vivir. No dejes que los ruidos de las opiniones de los demás acallen tu propia voz interior. Y, lo que es más importante, ten el coraje para hacer lo que te dicen tu corazón y tu intuición.

12. Ni siquiera la gente que quiere ir al cielo quiere morir para llegar ahí.

13. A veces la vida te va a pegar en la cabeza con un ladrillo. Pero no pierdas la fe.

14. Muchas veces la gente no sabe lo que quiere hasta que se lo enseñas.

15. Todo lo que uno hace en la vida, en determinado momento te va a servir para algo

Una Cierta Nostalgía (María Eugenia Ramos)


Todo está oscuro. Todo. Creo que hasta la oscuridad que rodea a un ciego es menor que esta. Un ciego percibe los cambios de luz a través de los párpados cerrados. Yo no. Aquí lo negro es insondable. Un ciego percibe la diferencia entre el día y la noche porque percibe el frío y el calor en la piel. Aquí solo hay una quietud, un vacío tan hondo que he perdido hasta mis propios límites.
Al principio estiraba las manos y buscaba a mi alrededor. Pero pronto me convencí de que podía moverme, estirarme y aun caminar, pero siempre en el mismo sitio. Digo “pronto” por decir algo, pero en realidad el tiempo se ha detenido en el aire como una bola de cristal rota.
No sé cuánto hace que he perdido la nostalgia. Cuando aún la tenía, la gran ventaja de la oscuridad absoluta era que no necesitaba cerrar los ojos para devolver, no solo a mi memoria, sino también a mi cuerpo, las sensaciones de lo que fui alguna vez.


Por instantes me atormenta la calidez de la piel de una mujer que me rodea con sus suaves piernas y me atrae hacia el centro de una vorágine roja como un incendio. Pero cuando estoy en la misma orilla del placer, el olor de la pólvora me sacude de pronto como un latigazo y tengo la sensación de una quemadura en el pecho, un agujero cuyos bordes se van agrandando cada vez más.

Fugazmente me asalta la idea del viento soplándome en la cara y cierta humedad en el rostro. Por momentos me parece que el vacío toma la forma del casco de un barco. El viento sigue soplando en mi cara y escucho el rumor de las velas que se hinchan. Sí, puedo tocar mi rostro, llevarme el dedo a los labios y sentir el sabor de la sal. Solo que no podría asegurar si esta humedad es del mar o de las lágrimas.

Ahora, mis piernas se arquean para aprisionar una superficie dura y escucho el resollar de una bestia bajo mi cuerpo. Bajo mis manos se tensan sus músculos y el sudor apelmaza sus crines. La sangre cae espesa y roja, mojándome el pantalón. Un olor acre a sudor de caballos y de hombres flota a mi alrededor.

De pronto, un tintinear de vajilla fina, susurro de holanes, risas, las notas de un piano que bajan por una escalera de caracol. Luego, brillo de espuelas al ras de un piso de baldosas, pies femeninos que asoman bajo las faldas. Caderas anchas, cinturas finas, escotes y cabellos sedosos que podría tocar, pero no intento hacerlo por temor a que vuelva la oscuridad.

Ahora escucho graves voces masculinas y percibo el engolamiento de las frases, aunque no las entiendo. El leve rasgar de las plumas sobre el papel resuena en mis oídos como una tormenta. Escucho el metal hueco de las medallas que caen al suelo y tintinean con eco de monedas falsas.


De nuevo la oscuridad y el silencio. Creo que he perdido la capacidad de recordar. Ahora mismo estoy hablando de sensaciones, pero solo tengo palabras vacías que no despiertan en mí ninguna visión. No sé si es lo mejor. No siento dolor, no sufro de hambre, no me agobia el sueño. Tampoco percibo el paso del tiempo. Lo único que mantengo intacta es la capacidad de pensar, aunque pocas veces pueda asociar las ideas con sensaciones corporales.
Todo lo que digo es como si se refiriera a otra persona, a alguien que yo fui, tal vez, en otro tiempo. Ni siquiera puedo recordarme físicamente. Me gustaría saber si fui alto o bajo, grueso o delgado, blanco o indio. No me gustaría morirme sin tener la imagen de mí mismo, sin poder ver mis manos y escuchar mi voz.
Se me podría preguntar por qué, después de todo, creo que no estoy muerto. Es difícil responder, pero tengo la sensación, si puedo llamarla así, o más bien el reflejo, de que hay personas que me buscan. Y nadie busca a los muertos. Se les quiere, se les recuerda, pero no se les busca. Solo se busca a los vivos.
Me siento cansado, terriblemente cansado, como si mi cerebro se hubiese visto obligado todo el tiempo a pensar, a tomar decisiones difíciles. Seguramente hubo a mi alrededor muchas personas. Debo haber tenido mujer, hijos, amigos y también enemigos entre todos esos seres que pasan flotando sin rostro. Pero todo es tan incierto. Todo mi pasado, todo yo, se reduce a las palabras y a sombras que se alejan, cada vez más distantes. A veces siento que estoy a punto a confundirme con la nada que me rodea. ¿O será que el agujero negro que me carcomía el pecho ha terminado por devorarme el corazón?
Creo que lo que me da la seguridad de no estar muerto es el eco de una esperanza. He sabido que cuando a alguien le amputan una mano conserva la facultad de sentir dolor o escozor en ella. De esta misma forma, seguramente, es que mantengo una sombra de esperanza, la de que esas personas que me buscan terminarán por encontrarme en la oscuridad.
De vez en cuando, fantasmas de sonidos atraviesan las tinieblas y pasan a mi lado. «Escucho», porque en realidad los sonidos resbalan sin fijarse en mi mente, palabras pronunciadas en voz alta, como si se tratara de discursos. Y me parece que se dirigen al ser que yo fui, aunque no podría decir en qué me fundamento para albergar esa creencia.
Tengo que confesar, sin embargo, que me estremezco como si estuviera a punto de recuperar la debilidad de mi carne y mis huesos cuando percibo un rumor sobre mi cabeza, una ola lejana que crece hasta convertirse en una marejada. Si estuviera muerto, diría que decenas, centenares, miles, millones de pies descalzos están pasando sobre mi tumba. Ni siquiera novecientos cañones pueden pesar tanto como esta tropa hambrienta y desamparada. Casi quisiera estar muerto para que con el roce de sus pies horadaran la tierra y abrieran una hendidura por donde entrara el sol.
Pero no estoy muerto, y estas imágenes que flotan a mi alrededor son los fantasmas del pasado, empujándome hacia un mundo tan desconocido como anhelado para mí. No sé hacia dónde voy, pero solo se trata de volver atrás, de borrar los bordes del agujero que me perfora el pecho, de abrirme paso en las tinieblas, hacia la orilla lejana de los que me están buscando, de volver a ser yo mismo, solo un hombre

¿o un hombre solo?

Mientras llega ese momento, sigo recorriendo estas palabras vacías, estériles, incapaces de hacerme vivir, pero suficientes para no dejarme morir en las tinieblas

Barcelona y Estocolmo. (Redacción y Agencias). - La Real Academia de Ciencias de Suecia ha escogido al poeta sueco Tomas Tranströmer como Premio Nobel de Literatura 2011.
El jurado le ha reconocido porque "a través de sus imágenes condensadas y translúcidas, aporta un fresco acceso a la realidad".
Tranströmer es autor de El cielo a medio hacer, una antología compuesta por 13 libros. Otras de sus obras más conocidas son Para vivos y muertos y El gran enigma.
El flamante Nobel de Literatura, en 1990, sufrió una hemiplejía que afecta su discurso, pero continúa escribiendo. Su obra, con un lenguaje modernista, expresionista y surrealista, se acerca a la mística a partir de la vida diaria y de la naturaleza.
Nacido el 15 de abril de 1931 en Estocolmo, su nombre había figurado en repetidas ocasiones entre los candidatos al Premio Nobel de Literatura, y ahora sucede al peruano Mario Vargas Llosa.
Tras graduarse en 1950, el escritor estudio Historia de la Literatura y Poética, Historia de la Religión y Psicología en la Universidad de Estocolmo. Después de escribir varios poemas en numerosos periódicos, en 1954 Tranströmer publicó 17 dikter, uno de los debuts literarios más aclamados de la década.
Más tarde, publicó Hemligheter pa vägen en 1958 (Secrets along the way), Den halvfärdiga himlen en 1962 (The Half-Finished Heaven) y Klanger och spar en 1966 (Windows & Stones : Selected Poems), con las que se ganó la admiración de crítica y público como uno de los mejores poetas de su generación.
Tranströmer se introdujo en el mercado estadounidense gracias al autor Robert Bly en los primeros años de la década de los sesenta y, desde ese momento, el interés internacional en su poesía creció y su obra ya ha sido traducida a más de sesenta idiomas.
El poeta sueco ya había ganado los premios Bonnier, el premio internacional Neustadt, el Oevralids, el Petrach de Alemania, y el galardón sueco del Foro Internacional de la Poesía.
El premio Nobel de Literatura está dotado de diez millones de coronas suecas (1,1 millones de euros). La entrega del premio tendrá lugar el próximo 10 de diciembre en Estocolmo. El año pasado, el Nobel de Literatura fue para el escritor peruano Mario Vargas Llosa.
Un Nobel para la poesía
Traströmer es el primer poeta galardonado con el Nobel desde que la polaca Wislawa Szymborska ganó en 1996.
Nacido en 1931 en Estocolmo, Tranströmer se convirtió prácticamente desde su debut en una de las referencias literarias obligadas del mundo escandinavo.

miércoles, 7 de septiembre de 2011

PABLO MILANÉS DEFIENDE SU DERECHO DE SER COMO ES



POLIS publica un estracto de la carta de Pablo Milanés dirigida al periodista castrista Edmundo García



Edmundo:

Hace años estás intentando hacerme una entrevista sin éxito, hasta el punto de resultar insoportablemente insistente porque además, para colmo, en tu petición posteriormente iban tus entrevistas adjuntas, esas entrevistas que no tuve más remedio que clasificar como “correo no deseado”, para al fin librarme de ellas.

Edmundo, tienes una forma de hacer periodismo que no es tal; coges a tus víctimas (a tus entrevistados), no los indagas, los cuestionas, los destrozas con una autoridad que no sé cuál ser poderoso te ha otorgado y terminas triunfante ante una persona apabullada por el terror de tus palabras que recuerdan un viejo estilo autoritario, ridículo y obsoleto. Esa es a mi juicio la esencia de tu programa.

Cuando leí tu panfleto mi primera reacción fue ver a una niña en la pubertad, asombrada y ruborizada ante su primera menstruación, miedosa de cometer pecado ante una manifestación natural de su desconocido organismo. Esa fue la primera impresión, pero la segunda, fue más solemne y peligrosa: me di cuenta de que no solamente eras todo lo que yo había pensado, sino más aún, estabas ingresando en ese grupo selecto de la ultraderecha miamense que no admite reconciliaciones, críticas y que cuyo único neolítico gesto es romper discos con aplanadoras. Tú, al igual que ellos, no quieres amor, quieres odio, tú al igual que ellos, no quieres reconciliación, quieres rencores y desunión, tú en suma, no quieres al pueblo cubano, ni de allá ni de acá. Edmundo, tú no quieres a nadie y no me hubiera extrañado verte en esa “enorme” turba gritando “Abajo, abajo”, donde sin duda alguna hubieras sido bien recibido.

Has insinuado que la prensa de Miami y España se aprovecha y utiliza mis palabras en vez de beneficiarme de ese espacio para arremeter contra el imperialismo. Edmundo, estás equivocado, soy yo el que me sirvo de esos periódicos para que difundan las entrevistas que en Cuba me están negadas y que sueño con que aparezcan en el Granma y las lea todo el pueblo y que un sólo periodista, uno sólo de los tantos miles que hay en la isla, tenga lo que hay que tener para dar a conocer lo que tantos años llevo expresando; es más, como un punto de partida planteo que tu panfleto y esta carta se publiquen en el Granma y que el pueblo las lea, piense, sepa discernir por si mismo, y de una vez, dónde está la verdad y vayamos por el camino de las libertades individuales que tenemos que rescatar y que tú con tu actitud estás negando.

A mi regreso a La Habana y en concordancia con el párrafo anterior, le digo por este medio a la intelectualidad cubana, a los artistas, a los músicos y a los altos cargos del Estado, que no me susurren más al oído: “estoy de acuerdo contigo pero… imagínate!”. Yo no estoy arrepentido de incinerarme sólo en mi actitud, pero es triste y vergonzoso que haya un silencio cómplice tan funesto como tu manifestación, Edmundo. Estas dos conductas, una en Miami y otra en La Habana, increíblemente al final convergen en su propia contradicción.

Sobre la intelectualidad miamense que comentas que me ha apoyado en sus artículos, te diré que no tengo absolutamente ningún miedo ni prejuicio en recibir una frase amable y receptiva. No soy su compañero de viaje, pero Edmundo, me gusta sumar mientras que a ti te gusta dividir porque de eso vives, para eso estás en esta ciudad.

También te has atrevido a decir que he mal influenciado a artistas del talento y el prestigio de Serrat, Sabina, Víctor Manuel y Ana Belén. No hay duda de que en este terreno también eres un ignorante, debías de saber que Juan Manuel Serrat es uno de los hombres más admirados por su entereza, caballerosidad y su limpieza durante toda su vida, y su posición ante el franquismo arriesgando su carrera y su vida, lo llevó hasta la cima de la dignidad. Que Joaquín Sabina, que a los 23 años se exilió a Inglaterra en su oposición a Franco y a su propio padre, es uno de los artistas más sinceros y honestos que conozco (esto lo sabe bien Fidel) independientemente de su talento. Que Víctor Manuel y Ana, antes de nacer tú, y andar por esos rumbos inciertos, que todos conocemos, para llegar a ser el extremista que eres hoy, pertenecían al Partido Comunista de España, en la época de Franco, y eso, Edmundo, les pudo costar la vida. Esas personas que tú no has respetado, tienen talento propio, criterios propios y no se dejan influenciar por nadie, al contrario porque son ciertamente su talento y sus principios los que han influenciado a medio mundo.

Edmundo, mis 53 años de militancia revolucionaria me otorgan el derecho, que muy pocos ejercen en Cuba, de manifestarme con la libertad que requieran mis principios y esa libertad implica que no tengo ningún compromiso a muerte con los dirigentes cubanos, a los que he admirado y respetado, pero no son Dioses, ni yo soy fanático, y cuando siento que puedo hacer un reproche y decir no, lo digo, sin miedo y sin reservas. Cuando veo que unas señoras vestidas de blanco protestan en la calle y son maltratadas por hombres y mujeres, no puedo por menos que avergonzarme e indignarme y, de algún modo, aunque no estemos de acuerdo absolutamente, solidarizarme con ellas en su dolor; porque lo más vil y lo más cobarde puede ser que una horda de supuestos revolucionarios ataque despiadadamente a estas mujeres. No hay ningún código que defienda eso en el mundo, es más, la violencia de género se queda corta al ver esas salvajes manifestaciones. Estos dos conceptos que te he expresado, pero tú no has entendido – no hay duda de que estás en tu época de infantilismo revolucionario -, no implica que esté en desacuerdo con Fidel y tampoco implica que esté de acuerdo con las Damas de blanco. Pero tú vas al blanco o al negro, (más al negro que al blanco) y no tienes matices y los años irremediablemente te van a hacer aprender lo que es un verdadero revolucionario o inexorablemente vas a ingresar en ese mundo en el que he visto a tantos como tú, vagando, perdido en la nada.

Edmundo, ayer creo que sufriste un revés que no te apliqué yo precisamente, sino los varios miles de personas que asistieron a un recital, carísimo para su bolsillo en crisis, demostrando que es posible el amor, que si anteayer decían “No” y ayer decían “Tal vez”, hoy dijeron “Sí”, un sí contundente, más fuerte que tus sucias y ofensivas palabras.

Edmundo, te invito a que cojas tus maletas y regreses a tu país y allí tengas el valor de denunciar todo lo malo que veas, porque Edmundo, te advierto, esa lucha sí es dura y no te calles como esos miles periodistas de allá, cómplices lamentables del silencio.

En muchas ocasiones he dicho que me sentaré en el portal de mi casa para ver pasar el “cadáver” de mis enemigos, ahí te espero.

Solamente te exijo una cosa: saca mi nombre definitivamente de tu boca irrespetuosa y falsa, son demasiados los méritos que me ha otorgado el pueblo para que un desalmado como tú los manche con sus sucias palabras.

Pablo Milanés
Miami, 29 de agosto de 2011

(Texto tomado de la web Café Fuerte)

Para ver más sobre el tema

Yoani Sánchez sobre Pablo Milanés

Mujeres de blanco agradecen a Pablo Milanés

Entrevista con Rodrigo Rey Rosa


-En un momento hablas del supuesto secuestro que sufrió tu madre. ¿Eso pasó de verdad?

“Sí, eso pasó de verdad, y de verdad los momentos de más susto que pasé fue cuando alguien me dijo que creían que estaba investigando para tratar de averiguar quién había estado involucrado en el secuestro de mi madre. Eso sí me dio susto”.

-¿Sientes que “El material humano” es el libro en el que más te expones?

“Yo tenía una especie de regla: yo no podía desnudar más a otros si yo no me iba a desnudar al mismo punto. Y claro, había una especie de ejercicio de honestidad o striptease, no sé”.

-Hay algo del Borges metaliterario en esta novela. ¿Como te relacionas con eso?

“Creo que Borges es enorme. Como él decía de otros, en un momento para mí fue toda la literatura. Y esa especie de sencillez que busca al final es con la que yo más me siento cercano. Siento que la cosa metaliteraria implica una especie de sociedad o un entorno muy distintos del que puede haber aquí, en país analfabeto. Eso se le puede dar muy bien a alguien de París, Barcelona o Buenos Aires, pero aquí sería impostado”.

Ni Asturias ni Donoso

-¿Cuál fue tu labor en la nueva edición de los “Cuentos reunidos”, de Bowles?

“Es una selección que yo escogí, con un prólogo mío. Y es más amplia, quizás el doble que la anterior. También hay unas traducciones nuevas que yo hice. Algunas las retraduje yo, otras pedí que las retradujeran los otros traductores”.

-¿Qué otros autores leíste gracias a Bowles, aparte de Borges y Bioy Casares?

“Graham Greene, Patricia Highsmith, Chandler; toda la literatura policiaca de la que Borges no gustaba porque la consideraba demasiado violenta, demasiado americana. También Flannery O’Connor. Además, Paul se mantenía al día porque los autores le enviaban sus libros: Easton Ellis, McLerny. También Cormac McCarthy. Ahí leí Meridiano de sangre “.

-¿Has tenido problemas por tener una mirada crítica con respecto a Miguel Ángel Asturias?

“Mira, yo creo que es un autor que tiene cosas muy buenas, pero que acá se ha tomado como modelo, y es equivocado porque es un tipo de escritor muy particular que como modelo es nefasto, porque es como un callejón sin salida, de cierta manera. Hay muchos escritores o críticos aquí que dicen que yo no soy un escritor guatemalteco, y viene de eso, de que no me reconozco como un heredero de Asturias”.

- Acá Bolaño también fue muy crítico con la figura de José Donoso.

“Es algo natural que estos escritores se vuelven emblemáticos para alguna generación, pero no creo. Asturias, y también Donoso, tienen una parcela muy importante que nadie les discute, pero no creo que deban ser tomados como representantes de la literatura nacional. Desde luego no es culpa de los autores, sino que es algo vinculado a la crítica, la academia o el público”.

-¿Cómo fue tu relación de lector con el Boom latinoamericano?

“Mira, los autores del Boom corresponden a una literatura que no llegaba como Boom acá, sino que era sólo lo que había. Y en realidad, ninguno me convirtió o despertó el germen literario”.

-¿Qué te pareció el Nobel a Vargas Llosa?

“(Cinco segundos de silencio) A mí me pareció merecido (Once segundos de silencio y luego una leve risa). Merecido” La Revista de Libros de El Mercurio entrevistó al narrador Rodrigo Rey Rosa a propósito de una visita a Chile